¿Valió la pena, card. Danneels? y la Mafia de San Gallen, para colocar a Francisco como Papa


La batalla que se libra en la Iglesia entre católicos auténticos y católicos falsos de diversas tendencias siempre se presenta en el contexto del destino eterno: el cielo o el infierno. El cardenal Godfried Danneels acaba de morir hace unos días. Godfried habló abiertamente sobre la mafia de St. Gallen y el plan de décadas de ese grupo para lograr la elección de un papa que traería la revolución doctrinal a la Iglesia, instalando oficialmente el modernismo. Danneels, como todos los pervertidos doctrinales, también tuvo otra perversión. En una ocasión, usó su poder para tratar de persuadir a una víctima de abuso de la depredación clerical homosexual, de que debía guardar silencio. Y para que conste, el sacerdote homopredator era el tío de la víctima. Pero a Godfried no le podía importar menos. Los pervertidos dogmáticos nunca limitan su perversión solo a la pizarra y a las grandes discusiones. Sus miserables conciencias los llevan a arrastrar su perversidad al mundo real para corromper a la mayor cantidad (de personas) posible y crear un ambiente de corrupción espiritual para que puedan sentirse justificados en su propia maldad. Ellos odian la verdad. Detente y considera por un momento esta acción de un sucesor de los Apóstoles: encubrió a un sacerdote homopredador que violó a su propio sobrino y llamó al silencio a la víctima. ¿Aún piensa que tenemos una esperanza razonable de que todos los hombres sean salvados, Obispo Barron?

Hace unos días, el Cardenal Danneels se reunió con el Juez del Cielo y la Tierra "cara a cara", por así decirlo, y su destino se fijó para la eternidad.  Y antes de que la multitud de la neoiglesia o de la web liberal National Catholic Reporter digan: "Ves, Voris quiere que la gente vaya al Infierno", digo; no, no queremos. Nunca queremos ver a Satanás reclamar un alma, nunca, nunca, sea cual sea el mal que el alma eligiera aquí en la tierra. Queremos lo que Dios quiere, que es que todos elijan el Cielo. Oramos, y les pedimos que oren, para que Danneels se haya salvado de alguna manera en el último momento. Pero dicho esto, la pregunta tiene que hacerse porque la salvación eterna depende de enfrentar los hechos fríos y duros de la realidad:  ¿Se puede salvar a un hombre que no reconoce su propia maldad? ¿Puede un hombre ser tan malvado que incluso si se le da alguna gracia, la rechace? La gracia no fuerza el libre albedrío, no impide que un hombre la rechace. Eso no sería gracia, sería coacción divina, lo que nunca puede suceder. ¿Danneels acaba de entrar en el infierno por la eternidad? Si es así, mientras se zambullía precipitadamente en el ardiente abismo, siendo torturado y burlado por los demonios que ahora lo atormentarán para siempre, una captura importante, debido a su estado de vida (influyente en a Iglesia) en la tierra, si esto ha sucedido, debemos hacer la pregunta:


¿Valió la pena? ¿Todo el mal, la perversión y la conspiración contra la Iglesia, las maquinaciones y las alianzas malvadas, todas ellas destinadas a destruir la verdad?

¿Y para qué, por un poco de poder terrenal fugaz y prestigio en la Iglesia, por poseer una autoridad utilizada para traicionar la verdad? ¿Valió la pena, cardenal? Es la maldad y la enemistad de los demonios las que ahora te desgarrarán espiritualmente, anhelando el momento en que tu cuerpo se una a tu alma corrupta y espantosa para que tus eternos y constantes dolores se manifiesten también en tu carne Bueno, ¿valió la pena, Eminencia?

Todas las glorias de la tierra ahora han desaparecido para siempre. Eres torturado en la oscuridad absoluta, ardiendo, pero nunca consumido, en fuego espiritual que nunca hubieras imaginado en la tierra en mil vidas. Estás atado, toda la libertad de movimiento ha desaparecido para siempre. Estás en el reino de Satanás a quien serviste libremente aquí en la tierra y ahora serás un esclavo para siempre. ¿Valió la pena? Ahora eres una presa constante de los salvajes ángeles caídos, cuyos impulsos escuchaste constantemente, rechazando la misma realidad en la que estás atrapado ahora por la eternidad. ¿Valió la pena? Todos tus antiguos asociados que están en el fuego eterno contigo te desprecian y te odian, y tú los odias, y nunca podrás escapar de la intensidad de vuestro odio mutuo. Ahora odias con una pasión ardiente que no es posible en el reino terrenal. Odias al Dios que te creó. Te odias a ti mismo. Odias a todos los demás condenados, esclavizados como tú.

Y de esta vivencia, no habrá final, no habrá alivio, no se te ofrecerá una gota de agua. En lugar de eso, respirarás y exhalarás la ira ardiente de Dios, y respirarás el hedor de la muerte, el azufre y la infección.Y tu odio a la Santísima Trinidad será tan intenso que preferirás tu tortura eterna al sufrimiento aún mayor que soportarías en la presencia divina. Odiaste a Cristo en la tierra, y el juez simplemente anunció y formalizó tu propia elección de rechazarlo en esta vida. Y habiéndolo rechazado en esta vida, Él te ha concedido el deseo de tu corazón: una eternidad separado de Él. Ahora estás más abajo que los gusanos, en un estado constante de tormento, quemándote siempre en fuegos que nunca consumen, viviendo con el pensamiento eterno de que de esta agonía no hay escape, no hay fin. Nunca escaparás esta noche de terror. Te has unido a los herodes de la historia, así como a los adúlteros, mentirosos, cobardes, ladrones y políticos católicos que tramaron el asesinato de los no nacidos y los que guardaron silencio al respecto, todos unidos en un crujir de dientes y maldición. Eres presa de la burla y las torturas de los demonios que te maltratan y te infligen nuevas agonías, tú que tienes el signo del Salvador grabado en tu alma y las marcas de consagración en tus manos, mientras gritas con un conocimiento lleno de terror, de un momento eterno a otro, que lo que te hace lamentarte con un odio eterno e intenso contra el Dios que simplemente te concedió el deseo de tu corazón: la condenación, no tiene fin. Si, de hecho, estás condenado por tu traición, tu traición contra Cristo y la Iglesia, contra Sus inocentes, tus gritos, unidos a los de millones y decenas de millones, cientos de millones, miles de millones de otros gritos dirán: "No valió la pena." Y la realidad final es que a nadie le importará. Tu hiciste tu decisión. Estás condenado para siempre. Tu nombre se borró del Libro de la Vida. Mejor hubiera sido para ti si nunca hubieras nacido.Con su capítulo final concluido y tu libro cerrado ahora aquí en la tierra de los vivos, en unos pocos años, nadie sabrá que pasaste por ella. Serás olvidado para siempre, mientras sufras tormentos interminables durante los siglos venideros, cuando el hombre podría todavía (vivir) sobre la tierra. No queda nada más que una agonía que consume una agonía en la que el fuego nunca se apaga y el gusano no muere. Eminencia no valía la pena. Esto, mis compañeros católicos, nunca debemos olvidarlo. En medio de todo el clamor, la lucha y el combate espiritual que pueden llegar a ser muy personales, molestos y agotadores, nunca pierdas de vista el propósito de la lucha. La salvación de las almas lo vale todo y es la definición misma de la verdadera caridad, no una corrección política cobarde y, ciertamente, no una traición contra Dios. Si Danneels está condenado, como lo fue Judas, entonces todos los que estamos viendo (este vídeo) nos preocuparemos, lo cual es la respuesta normal: piénsalo. Pero eventualmente nos iremos a dormir esta noche. Y cuando nos despertemos horas más tarde, nuestros pensamientos volverán a los asuntos de la vida y se olvidarán de Danneels. Mientras tanto, él se seguirá quemando, y nadie lo llorará porque no vale la pena llorar. Será olvidado al tiempo que su agonía seguirá para siempre.

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