LAS POSICIONES POLITICAS VATICANAS, LOS PRINCIPIOS NO NEGOCIABLES, LOS VIENTOS CAMBIAN.


Las noticias tienen un marcado tinte político. Desde la perdida del poder temporal de los papas se ha intentado mantener una exquisito respeto por las opiniones políticas. Encontramos muchas acusaciones de cobardía por no condenar los regímenes totalitarios con decisión. En este mundo tenemos que distinguir entre condenar los principios erróneos que inspiran muchas ideologías políticas y entrar en la guerra de partidos. Las condenas categóricas y muy claras a sistemas totalitarios y anticatólicos se han dado y con mucha fuerza. Baste recordar la  encíclica “Mit Brennender Sorge” de PIO XI el 14 de marzo de 1937 contra el nazismo, escrita en alemán, y cinco días después la  “Divini Redemptoris” contra el comunismo, por si quedaba alguna duda. No hay otro momento de tanta producción papal ante la gravedad de la situación. Pero hoy hablamos de la presencia de la Iglesia en la lucha partidista de Italia y como consecuencia de sus posiciones partidistas a nivel internacional.


En los pactos de Munich de 1938 tanto Francia como Inglaterra cedieron ante la amenaza Nazi y abandonaron a Checoslovaquia en las manos del dictador. Pensaban que así se calmarían sus deseos expansionistas. Churchill anunció con claridad las consecuencias del cobarde acuerdo con estas palabras : ”El desmembramiento de Checoslovaquia bajo la presión de Inglaterra y Francia equivale a una total capitulación de las democracias occidentales ante la amenaza nazi de recurrir a la fuerza. No corre peligro sólo Checoslovaquia, sino también la libertad y la democracia de todos los Estados. La convicción de que se puede lograr la seguridad entregando a un pequeño país a los lobos, es un error”.


Mucho nos tememos que la Iglesia Católica, asediada en momentos de gran debilidad, se ha resignado a pastelear con el nuevo orden mundial pensando que así salvará los muebles. Es evidente que los lobos no se calmaran con esta carnaza sino que se fortalecerán y seguirán con sus intenciones hasta eliminar a la presa. En los momentos de debilidad y persecución hay que defender los principios con mucha más fuerza aun a riesgo del martirio. Mucho mejor que nos corten la cabeza con honra que perderla en esta espiral de locura en la estamos entrando.

El Vaticano está perdiendo toda su influencia política en Italia y  en todo el ámbito internacional. Las intenciones de fundar un partido instrumental a los intereses vaticanos, que no siempre coinciden con los de la iglesia y para muestra los recientes pactos Chinos, ha saltado a los titulares y se ha negado. Intenciones las hay y de nada sirve el negarlas. La posibilidad de vampirizar un partido existente y utilizarlo como instrumento es complicada.  Los vientos están cambiando y todo apunta a que los cambios serán muy rápidos. Los reciente resultados en unas elecciones regionales españolas son elocuentes. Estamos llegando a un momento en que se tiene miedo a que el pueblo soberano vote. Los resultados no gustan y van en dirección contraria a los postulados del nuevo orden mundial y es que el personal está mas que harto de tanto buenismo estéril e irracional que está destruyendo nuestras sociedades del primer mundo. Son tiempos de reforzar los principios inmutables y no negociables que derivan del evangelio. Este es el fundamento del cristianismo.  No podemos pretender ser la guinda de la tarta en todas las fiestas de moda.


Los vientos soplan fuertes y la casa que no tenga buenos cimientos desaparecerá y no quedará ni rastro.


“Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, y te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita”. Lucas 19, 41-44


Jesucristo lloró ante la destrucción de Jerusalén y nosotros podemos llorar ante la destrucción de la sociedad en la que vivimos, ni entonces ni ahora hablamos de piedras, pero, como la rosa que Jericó, la Verdad brotará aunque pasen cien años y  parezca que todo está muerto.

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