El Vaticano se distancia de Maduro



Supe por personas cercanas al propio Papa y otras fuentes de la carta enviada por Nicolás Maduro para que Su Santidad mediara en la difícil situación que vive en Venezuela. Pero esta vez la respuesta ha sido evasiva, el equivalente a un “no” diplomático.


La Santa Sede no se quiere dejar liar por el presidente bolivariano, Nicolás Maduro, no otra vez. La equidistancia papal -por no hablar del evidente lenguaje gestual de simpatía hacia el chavista- ya tuvo en su día, no hace mucho, la respuesta irritada de numerosos jefes de gobierno latinoamericanos, que afearon al Papa que pusiera en un mismo plano a opresores y oprimidos.


El Papa ya ha dicho, como única respuesta, que las mediaciones las tienen que pedir las dos partes de un conflicto, y puso el ejemplo de una disputa de vecinos. Imaginamos que no era la respuesta que esperaba el venezolano, que ha perdido el reconocimiento internacional de medio mundo y se enfrenta al aislamiento.


Parece que fue ayer cuando, en 2016, Maduro fue recibido por un sonriente y cariñoso Francisco es Santa Marta, un encuentro del que hay abundante material fotográfico evidenciando la química entre ambos.


Pero de aquel encuentro no salió ninguna mejora de la situación venezolana, ni del acoso al que el régimen sometía a la oposición. Y el Vaticano no está dispuesto a que el régimen vuelva a usar al Papa como coartada y espaldarazo a un gobierno cada vez más cuestionado dentro y fuera del país.


Hoy la Santa Sede ha reiterado su disponibilidad, pero en términos tan imprecisos que equivale a una negativa, y no ha dado paso alguno para esa dirección. Alessandro Gisotti, portavoz interino del Papa, ha declarado a este respecto que “el Santo Padre siempre se ha reservado y se reserva la posibilidad de verificar la voluntad de ambas partes si existen las condiciones para avanzar en esta vía”. Es decir, Dios le ampare, hermano.


O, en palabras del Papa hace dos días, decía: “En general hay pequeños pasos, el último es una mediación; son pequeños pasos iniciales, facilitadores, pero no solo por parte del Vaticano, toda la diplomacia, acercarse a uno y al otro para poner en marcha posibilidades de diálogo. Así funciona en la diplomacia. En la Secretaría de Estado podrán explicar bien todos los diferentes pasos que se pueden dar; yo, antes del viaje, sabía que estaba llegando con el sobre diplomático una carta d Maduro. Todavía no he leído esta carta. Y veremos qué se puede hacer. Pero, para que se haga una mediación, se necesita la voluntad de ambas partes. Las condiciones iniciales son claras: que las partes lo pidan, siempre estamos disponibles. Como cuando la gente va a ver al cura porque hay un problema entre marido y mujer: va uno, “¿y la otra parte, viene o no viene? ¿Quiere o no quiere?”. Siempre se necesitan ambas partes. Esta es una condición que los países deben tener en cuenta antes de pedir una facilitación o la presencia de un salvador o una mediación. Ambas partes, siempre”.


Más largo, pero viene a ser lo mismo. No hay espacio ya para una mediación, y la Santa Sede sabe que, esta vez, el destino de Maduro está sentenciado y todo el desprestigio internacional que arrastre en su caída podría salpicar el prestigio de la Santa Sede.

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