El cardenal Kasper denuncia conspiración para deshacerse del Papa


El teólogo alemán favorito del Papa, el cardenal Walter Kasper, ha declarado que hay “personas” decididas a aprovechar la crisis de los abusos sexuales en la Iglesia para forzar la abdicación del Papa y convocar un nuevo cónclave. ¿Un caso de proyección?


“Hay gente a la que sencillamente no les gusta este pontificado”, ha afirmado el cardenal Walter Kasper, estrecho colaborador del Santo Padre, en declaraciones al programa de le televisión estatal alemana Report München. “Quieren que acabe lo antes posible para celebrar, por así decir, un nuevo cónclave. Quieren también que vaya a su favor, que tenga un resultado que se adapte a sus ideas”.


El programa en cuestión trataba sobre la ola de escándalos de encubrimiento de abusos sexuales en la Iglesia, un asunto que, en opinión de Kasper, estos “conjurados” quieren aprovechar en su nefando plan contra Francisco. Es, dice Su Eminencia, una estrategia “inapropiada” que, por lo demás, distrae “del verdadero problema”.


Es difícil evaluar las palabras del cardenal. Si lo que quiere decir es que unos prefieren un Papa y otros, otro, y los de más allá, un tercero, apenas habría valido la pena abrir la boca para algo tan obvio, e indica, por lo demás, lo hipersensible que se muestra la camarilla vaticana ante cualquier crítica.


Por otra parte, si se refiere a algo real, a una verdadera conjura con planes, estrategias, coordinación y movimientos en la sombra, resulta de todo punto irresponsable y temerario que un príncipe de la Iglesia haga semejante acusación sin ofrecer un solo nombre y un solo dato.


Y es que, a diferencia de esta ‘conjura fantasma’, Benedicto XVI sí se enfrentó a un complot absolutamente real en el que, por cierto, estaba implicado el propio Kasper junto con el belga Godfried Danneels, el holandés Ad van Luyn, el alemán Karl Lehmann, el italiano Achille Silvestrini, los británicos Basil Hume y Cormac Murphy-O’Connor, José Policarpo y el ucraniano Lubomyr Husar. Sí, hablamos de la Mafia de San Galo, llamada así en tono jocoso por el propio Danneels, que recibe su nombre de la diócesis suiza de San Galo donde se reunían de forma regular. Por eso es posible que el de Kasper sea un caso de lo que los psicólogos llaman ‘proyección’, ver en los demás impulsos que siente uno mismo. En cuanto a que fuera o no eficaz, nada podemos decir, salvo que Benedicto XVI sigue vivo y ya no es Papa.


No deja de ser curioso que teólogos y prelados que se han pasado décadas en oposición apenas disimulada -o nada en absoluto- a los pontífices anteriores muestren un súbito entusiasmo por una interpretación totalitaria del primado petrino, tachando cualquier crítica o disenso de ‘conspiración’.


En el asunto del que trataba el programa, por lo demás, es difícil negar que el historial de Francisco es menos que intachable. Es absolutamente cierto que la génesis del problema le precede en décadas, pero también que, tras iniciar su pontificado proclamando una política de ‘tolerancia cero’, ha tomado decisiones y realizado nombramientos absolutamente cuestionables que no es en absoluto “pecado” -o conjura- criticar.

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